Literatura

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jueves, 01 septiembre 2005
 
 

Jorge L. Borges

A. Bioy Casares

Ernesto Sábato

María E. Walsh

Alfonsina Storni


Literatura

Desde el comienzo de la colonización se escribieron crónicas y relaciones que deben ser consideradas como antecedentes de la literatura nacional, especialmente la Argentina, crónica rimada de Martín del Barco Centenera, y la obra en prosa de Ruy Díaz de Guzmán, también llamada la Argentina. No obstante, la literatura argentina propiamente dicha se inicia en los siglos XVII y XVIII con el poeta Luis de Tejeda y con Manuel José de Lavardén, autor, entre otras obras, de Oda al Paraná y de la tragedia Siripo. 

Desde comienzo del s. XIX, y sobre todo después de 1810, la literatura fue arma de combate en la pluma de José A. Miralla, Vicente López y Planes, Esteban de Luca, Juan I. Gorriti, Juan C. Lafinur, y otros. La labor de los proscriptos durante el gobierno de Rosas tiene acentos valiosos: Juan Cruz Varela, influido por los clásicos; José Mármol, autor de la novela Amalia y exaltado poeta; y Esteban Echeverría, que en su poema La Cautiva hizo aparecer por primera vez el paisaje nativo en toda su pureza. El romanticismo influye también en la obra de los primeros escritores de la organización nacional: Juan M. Gutiérrez, Rafael Obligado, Olegario V. Andrade, etc.

Al margen de ellos y de cualquier demarcación estilística está la obra trascendental de Sarmiento, que abarca desde la descripción realista y la tónica sociológica, que concurren en Facundo o Civilización y Barbarie, hasta el íntimo y conmovedor relato autobiográfico de Recuerdos de Provincia. La literatura gauchesca, que se había iniciado con Bartolomé Hidalgo, para continuar con Hilario Ascasubi, Mitre y Rafael Obligado, con su delicado poema Santos Vega, dio otra expresión de valía con Fausto, de Estanislao del Campo, y culminó con la obra maestra de José Hernández, Martín Fierro. La llamada generación del ochenta tuvo gran brillo intelectual: Eduardo Wilde, Miguel Cané y Lucio V. Mansilla, entre los más destacados; Eugenio Cambaceres y José Miró (Julián Martel), iniciadores del realismo. 

A fines del s. XIX se acentúa en los escritores el ansia de lograr una expresión propia, genuinamente nacional.  En esa corriente se destacan Joaquín V. González, Lucio V. lópez, Estanislao Zeballos, José S. Alvarez (Fray Mocho), Pedro B. Palacios (Almafuerte), Alberto Gerchunoff y otros.  El teatro, hasta entonces, influido por lo clásico, de difícil adaptación a la temática nacional, adquiere contenido popular con la adaptación de Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, y se afianza después con la poética de Martín Coronado, el costumbrismo de Gregorio de Laferrere, el realismo de Florencio Sánchez y las dispares tendencias de Trejo, Granada, Sánchez Gardel, Pedro Pico, Martínez Cuitiño, Payró, García Velloso, Armando Discépolo, Homero Manzi, Eichelbaum, etc.  El modernismo poético culminó en la obra de Leopoldo Lugones, cuyo aporte se expresa en Odas Seculares, la Guerra Gaucha, Historia de Sarmiento, etc.  De su misma generación es Roberto J. Payró, costumbrista de incisivas observaciones, influido por la picaresca española en El Casamiento de Laucha, Cuentos de Pago Chico, Divertidas Aventuras del Nieto de Juan Moreira, etc.  Enrique Larreta es autor de novelas de gran difusión como La Gloria de Don Ramiro, de impecable prosa. Nota de gran originalidad fue la obra de Macedonio Fernández, plena de inquietudes metafísicas en No Todo es Vigilia, La de los Ojos Abiertos, Papeles de Recienvenido, etc. La novela adquiere relieve con Benito Lynch, Manuel Gálvez y Ricardo Güiraldes, sutilísimo estilizador de lo gauchesco en Don Segundo Sombra. 

En la poesía se destacan los nombres de Evaristo Carriego, Alfonsina Storni, Arturo Capdevila, Jorge Luis Borges, Baldomero Fernández Moreno, Enrique Banchs, Conrado Nalé Roxlo, José Pedroni, Luis L. Ortiz, Juan Gelman, Armando Tejada Gómez, etc.  Mención aparte merece la labor intelectual de Ricardo Rojas, que se prodiga en distintas disciplinas con igual calidad: Historia de la Literatura Argentina; Eurindia; El Profeta de la Pampa; Ollantay, etc.  A partir de 1920, la nueva generación destaca notables valores: Borges, con Fervor de Buenos Aires, Historia Universal de la Infamia y otras obras; Eduardo Mallea, con Cuentos para una Inglesa Desesperada, Historia de una Pasión Argentina, y otras creaciones; y Ezequiel Martínez Estrada, con Radiografía de la Pampa, la Cabeza de Goliath, etc.  Aparecen luego otros escritores que ahondan, de uno u otro modo, la problemática social; Roberto Arlt, torturado cronista en El Juguete Rabiosa, los Siete locos, etc., y entre los más recientes, Manuel Mujica Láinez, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, Vicente Barbieri, Julio Cortázar, Silvina Bullrich, Marta Lynch, María Elena Walsh, etc. El primer crítico que apareció en el panorama literario argentino fue Juan María Gutiérrez; a él le correspondió ordenar por vez primera la historia literaria del país e iniciar su análisis.

Posteriores a éste son los críticos, comentaristas y antólogos Calixto Oyuela, Pablo Groussac, Arturo Giménez Pastor, Ricardo Rojas, Rafael Arrieta, Victoria Ocampo, Edmundo Guibourg, etc. Paralelamente con la iniciación literaria propiamente dicha, se dio en la Argentina el nacimiento del ensayo sociológico o político: Bernardo de Monteagudo, Mariano Moreno y Manuel Belgrano fueron los primeros en estudiar la realidad del país. Durante el gobierno de Rivadavia surgieron intelectuales que dieron nueva tónica a la naciente crítica; durante el gobierno de Rosas, se destacó la «Asociación de Mayo», que sistematizó en una doctrina social la lucha por la libertad. A ella pertenecieron Echeverría, Alberdi, Mitre y otros argentinos de cuya obra surgieron las ideas que presidirían la organización nacional. De Esteban Echeverría es el Dogma Socialista, ensayo de filosofía social que influyó en el notable constitucionalista Juan Bautista Alberdi, cuyas Bases inspiraron la Constitución de 1853.  Bartolomé Mitre, estadista, literato, traductor y militar, se destacó también como historiador con Historia de Belgrano y de la independencia e Historia de San Martín y de la Emancipación Americana. Su ilustre contendor en concepción y método, fue Vicente Fidel López, precursor de la historiografía argentina y autor de obras fundamentales.  José M. Estrada trajo también su aporte al estudio de las ideas políticas con la política liberal bajo la tiranía de Rosas.

Al comenzar el s. XX se destacan Juan B. Justo, José Ingenieros, José M. Ramos Mejía, Agustín Alvarez, Juan A. García, y luego, Adolfo Saldías, Ramón Cárcano, Emilio Ravignani, Aníbal Ponce, Ezequiel Martínez Estrada, Héctor P. Agosti, Arturo Jauretche, etc. El campo filosófico destaca principalmente la labor de Alejandro Korn, pensador de la libertad creadora; de José Ingenieros.

 

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